BOO BOO DAVIS

BLUES BÉJAR FESTIVAL 2019
SÁBADO 20 DE JULIO
21:00 HORAS

 

 

Boo Boo Davis es un superviviente y pertenece a las últimas generaciones de músicos que escriben y tocan el blues basado en la experiencia de primera mano de una vida dura en el delta del Mississippi. Nació y se crio en Drew, Mississippi, en el corazón del Delta. Era la tierra más rica de algodón en el sur y la gran cantidad de trabajadores del campo atrajo a los mejores músicos de las áreas circundantes. Toda la región del Delta era prolífica en compositores en intérpretes de la música del diablo, pero la ciudad de Drew fue particularmente fértil. Charley Patton vivió cerca de Drew durante muchos años y decenas de artistas legendarios pasaron su vida allí. Los aparceros cantaban a viva voz para ayudar a pasar las largas horas de trabajo y sin duda Boo Boo desarrolló su voz fuerte, y sus inquebrantables y sentidos bramidos basándose en estos cantos que escuchó en los campos de niño. De hecho, esa voz, a lo largo de los años ha impactado y estremecido a audiencias de todo el mundo. 
Su padre Sylvester Davis cultivó algodón y tocaba varios instrumentos. Los músicos que escuchaban en su casa eran leyendas como John Lee Hooker , Elmore James y Robert Pete Williams. Boo Boo recuerda a estos y otros músicos visitar su hogar donde él pudo oírles tocar y ensayar bluses que ya son historia de la música. Con cinco años Boo Boo tocaba la armónica y cantaba en la iglesia con su madre. Con trece ya tocaba la guitarra blues , y con dieciocho años tocaba con su padre y sus hermanos mayores bajo el nombre “Lard Can Band”. Esta banda giró durante años por toda el área de influencia del Delta. A principios de los años sesenta se mudó al norte de St Louis justo coincidiendo con el apogeo de la escena musical de esta ciudad (Albert King, Ike Turner , Chuck Berry y muchos otros) . Junto con sus hermanos fueron la banda residente de los fin de semanas en Tabby’s Red Room durante más de dieciocho años.
A pesar de que Boo Boo se trasladó en aquella época al norte de St. Louis, siempre será un sureño en el corazón y esto se deja sentir en su música. Durante su infancia no había tiempo ni dinero para ir a la escuela y nunca aprendió a leer y escribir . Sin embargo eso no impidió que viajara por todo el mundo . Siguiendo su guía espiritual ( que él llama a Dave ) Boo Boo ha encontrado una manera de hacer frente a la sociedad moderna. El blues le han ayudado a mantenerse en activo y con toda su energía intacta y sobrevivir en la vida del día a día.

 

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En 2001 debuta como músico titular con el disco East St.Louis en el que pretende demostrar que mantiene su corazón sureño en 12 espléndidas composiciones propias que tendrán su continuación, un año después, con Can Man. Esas diez nuevas canciones confirman que Davis es un grande de su instrumento principal, la armónica, y lo sitúan definitivamente en el mapa del blues sureño. En 2004 llega The Snake, en el que Davis intenta acercarse a parámetros más soul mirándose en el espejo de Robert Cray, y el disco supone un pequeño fiasco para su carrera, del que se recuperará dos años después con Drew, Mississippi. Incluido por la revista MOJO en la lista de los 10 mejores discos de blues del año, Boo Boo recupera el terreno perdido y graba uno de los clásicos de su repertorio, la autobiográfica «Standing in the Cotton Field». Es el preámbulo a los que probablemente sean sus dos mejores discos: Name of The Game en 2008 y Ain’t Gotta Dime en 2009. Su armónica ruge como nunca y su voz vuelve a beber de clásicos como Elmore James o Hound Dog Taylor. Undercover Blues y I’m a Believer llegan en 2011 y 2013, sucesivamente, y aunque es difícil mantener el nivel, Davis demuestra que ya es un artista a tener muy en serio (más vale tarde que nunca) y que no va a volver a fallar.

Razones para no perdérselo sobran.

(Eduardo Izquierdo, Ruta66)

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A priori, que un músico empiece su carrera discográfica a los cincuenta y seis años, es algo que se sale fuera de lo común. Pero cualquier conocedor de la obra de Boo Boo Boo Davis sabrá que el año en que comenzó a plasmar su música entre surcos de vinilo, no es ni de lejos el primero en el que Davis empezó en el mundo de la música. De hecho, su currículum anterior quita el hipo. Para que se hagan una idea: una de la primeras experiencias musicales de Davis fue la de ser miembro, junto a The Lard Can Band (banda formada por Davis, su padre, y sus hermanos mayores), de la banda de acompañamiento de BB King, cuando este todavía no era conocido. Sí, eso, en cuanto a blues se refiere, se trata del mismo principios de los tiempos. Y es que en cuanto a iconografía estamos hablando, Davis cumple a rajatabla con la imagen mítica que todos tenemos grabada del blues. Criado junto a campos de algodón; viniendo de un entorno pobre ya que al no tener dinero para comprar una batería, tenía que tocar la percusión en su banda familiar usando una lata vacía de manteca de cerdo (de ahí el nombre de la banda); teniendo que emigrar junto a su familia huyendo de la pobreza y la falta de oportunidades del sur más rural a una gran ciudad industrializada, incorporando la influencia de los nuevos sonidos a su sonido blues de manual.

Resulta curiosa la proporción inversa que se da entre la longevidad de los músicos de blues y los de rock and roll. Mientras que en el rock and roll con el paso del tiempo se suele perder la frescura y la energía que se asocia con un estilo tan vibrante como inicialmente juvenil, salvo honrosas excepciones (ojito a los últimos discos que viene publicando Neil Young), con el blues pasa exactamente lo contrario: cuanto más viejos se hacen, más profundidad y calidad suelen ganar sus cantantes. No es casual. El blues trata de desamor, del paso del tiempo y de los golpes recibidos durante su paso. De feeling. Por eso, cuanta más experiencia llevan a cuestas, más verdad y sentimiento transmiten, y sin eso, cualquier maestría instrumental no vale un carajo. Como prueba, no hay más que escuchar los últimos discos de este gigante del blues, los sobresalientes Olsdskool (2015) y One chord blues (2016). Instrumentación mínima (suele girar en formato trío, prescindiendo de bajista), y acordes básicos e hipnótico que acompañan una voz capaz de seducir y transmitir blues auténtico tan solo con el primer fraseo. Blues auténtico del que Davis porta con orgullo la bandera, y es que por mucho que haya evolucionado el género y se haya fusionado con otros estilos, todo parte de algo de algo tan sencillo, y a la vez tan difícil de hacer, como basarse en una esencia de ocho acordes atacados con toda la actitud y el feeling del mundo. Ocho acordes sobre los que se ha edificado la historia de la música popular de los últimos cien años. 

El blues tiene que ver con lo más básico de la vida: el bien y el mal” afirma Davis, que parece tenerlo muy claro, como tu también deberías, pero por si no es así, nosotros te lo explicamos: venir a presenciar a una leyenda viviente, está muy, muy bien, mientras que echar a perder esta oportunidad, estaría muy, pero que muy mal, baby.

(Mariano López Torregrosa)